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Presupuesto 2027: el VIH enfrenta una nueva discusión sobre prevención y atención en Perú

El proyecto de presupuesto reduce los recursos de la función Salud y mantiene la PrEP muy por debajo de los niveles alcanzados en 2025, mientras el Programa 0016 reordena sus prioridades.

Lima, Perú.- El proyecto de Ley de Presupuesto del Sector Público para 2027 abre una nueva discusión sobre el financiamiento de la respuesta al VIH en el Perú. La propuesta llega, además, en un contexto de menor asignación inicial para la función Salud, que pasaría de S/32.887,7 millones en 2026 a S/32.208 millones en 2027, una reducción de aproximadamente S/680 millones, equivalente al 2,1%.

El descenso no significa necesariamente que el sector terminará el próximo año con exactamente ese monto. El presupuesto puede modificarse durante el ejercicio mediante transferencias, créditos suplementarios y otras modificaciones. Por eso, la comparación permite observar cómo inicia la programación presupuestal, pero no anticipa por sí sola cuánto se ejecutará finalmente.

Dentro de este escenario, el financiamiento de las intervenciones vinculadas al VIH adquiere especial relevancia, tanto por los recursos disponibles como por el tipo de prevención que el Estado prioriza.

PrEP: una expansión que pierde impulso presupuestal

Uno de los puntos que genera mayor atención es la profilaxis preexposición (PrEP), una herramienta de prevención del VIH destinada a personas que no tienen el virus y presentan un mayor riesgo de adquirirlo.

Para 2027, las proyecciones disponibles sitúan la compra de PrEP en algo más de medio millón de soles, todavía muy por debajo del nivel registrado en 2025, cuando los recursos para este componente superaron los S/3 millones, según las cifras difundidas en el debate presupuestal.

La diferencia resulta relevante porque la PrEP forma parte de la estrategia de prevención combinada que el propio Ministerio de Salud viene implementando. La estrategia peruana cuenta con una norma técnica aprobada en 2023 y contempla este método junto con otras herramientas de prevención.

La experiencia acumulada también muestra que existe una demanda que va más allá de una intervención piloto. De acuerdo con información reportada por la Conamusa, durante 2024 4.504 personas vulnerables iniciaron PrEP al menos una vez, mientras que las metas establecidas para los siguientes años contemplan ampliar progresivamente esa cobertura.

El reto para 2027, por tanto, no consiste únicamente en mantener disponible el medicamento, sino en determinar si los recursos permitirán acompañar la expansión de la estrategia.

¿Qué cambia dentro del Programa Presupuestal 0016?

El Programa Presupuestal 0016: TBC-VIH/SIDA es la principal herramienta presupuestal del Estado para organizar intervenciones relacionadas con ambas enfermedades. Su objetivo no se limita a un único grupo de población: incluye la prevención de nuevas infecciones, el diagnóstico y tratamiento oportunos y la reducción de la transmisión vertical del VIH.

El Ministerio de Salud mantiene para 2027 este programa dentro de su estructura presupuestal. La documentación oficial también muestra que sus intervenciones tienen una dimensión comunitaria y territorial, además de la atención en los establecimientos de salud.

Por ello, más que hablar de una sustitución absoluta de la prevención por el tamizaje, el debate está en qué componentes tendrán mayor capacidad de expansión y cuáles podrían quedar limitados por la disponibilidad de recursos.

Entre las estrategias que forman parte de la respuesta al VIH se encuentran el diagnóstico, la atención integral, la prevención de la transmisión maternoinfantil y las acciones dirigidas a poblaciones con mayor exposición al virus. La propia estructura del programa contempla estos diferentes resultados.

De 2024 a 2027: una evolución que muestra un cambio de escenario

La trayectoria reciente permite entender mejor la discusión actual.

En 2024, el Programa Presupuestal 0016 continuaba articulando las intervenciones de prevención, diagnóstico y atención del VIH y la tuberculosis. Los indicadores oficiales muestran, además, avances en algunas metas de detección y atención.

En 2025, la prevención con PrEP alcanzó uno de sus mayores niveles presupuestales recientes, superando los S/3 millones destinados a su adquisición, según las cifras utilizadas actualmente en el debate sobre el presupuesto.

En 2026, la programación redujo de manera importante ese componente, con una asignación inicial cercana a S/280 mil según las cifras difundidas durante la discusión presupuestal.

Para 2027, el proyecto plantea una recuperación parcial de los recursos para PrEP —por encima del medio millón de soles—, pero todavía lejos del nivel de 2025. Al mismo tiempo, el presupuesto general de la función Salud parte con una reducción de 2,1% frente al PIA del año anterior.

La tendencia, entonces, no puede resumirse simplemente como “menos prevención”. Lo que muestran los datos es una variación en el peso presupuestal de las distintas herramientas de la respuesta al VIH, en un escenario donde el sector Salud también enfrenta un menor presupuesto inicial.

Perú frente a la región

El escenario peruano debe leerse, además, dentro de una región que no sigue una única ruta frente al VIH.

En Chile, el Ministerio de Salud mantiene la PrEP como parte de su estrategia de prevención y dispone de orientaciones específicas para su implementación. El sistema también ha desarrollado una política de autotest de VIH, con lineamientos técnicos para ampliar esta herramienta.

En Colombia, la respuesta al VIH se desarrolla dentro de un sistema de aseguramiento que incorpora la atención y los tratamientos antirretrovirales como parte de las prestaciones de salud. Sin embargo, las diferencias de modelo hacen que las cifras presupuestales de un país no puedan compararse directamente con las de otro sin considerar su estructura de financiamiento.

La comparación regional permite extraer una conclusión más prudente: los países sudamericanos están utilizando modelos diferentes para financiar y ampliar la prevención del VIH, y la PrEP, el diagnóstico temprano y el autotest forman parte cada vez más de esas estrategias.

En ese contexto, el desafío peruano para 2027 será determinar si los recursos previstos permiten sostener la atención integral de las personas que viven con VIH y, al mismo tiempo, ampliar las herramientas destinadas a evitar nuevas infecciones.

El proyecto de presupuesto todavía debe completar su proceso de discusión y aprobación en el Congreso. Hasta entonces, las cifras pueden cambiar. Lo que ya está sobre la mesa es una decisión que tendrá efectos concretos sobre la manera en que el país financiará su respuesta al VIH durante el próximo año.

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